La siesta, mejor en el sofá!

La siesta, mejor en el sofá!

Hoy, el titular nos delata, queremos hablar de la siesta. ¿Por qué? porque sí, porque estamos en verano, y las vacaciones nos permiten disfrutar de este pequeño- gran placer de la vida, y porque nos gusta, ¡porque somos muy fans de la siesta!

Nosotros somos de los que pensamos que no hay nada como disfrutar de la siesta después de comer, acurrucados en nuestro rincón preferido del sofá.

Origen de esta saludable costumbre 

La siesta es una costumbre muy nuestra, pero los estudiosos del tema sitúan su aparición en la Italia del siglo XI, es decir, que la tradición viene de lejos. Es el resultado de una de las reglas de San Benito, que instauró el reposo en la hora sexta del día entre la comunidad religiosa. Y como buena costumbre ya se sabe, la población la adoptó y hasta la fecha

Muchas veces este descanso se relaciona con gandulería, pero ¡de eso nada! La siesta es muy beneficiosa por distintos motivos: relaja, ayuda a reponer energías para afrontar la tarde, combate el estrés, estimula la creatividad…

Hay un detalle realmente importante y es la duración. No se recomienda que la siesta sobrepase la media hora, con 20 minutos es más que suficiente. Y éste es uno de los principales motivos por lo que las mejores siestas se disfrutan en el sofá. ¡Una siesta en la cama se nos puede ir de las manos!

¿El mejor sofá para una siesta?

Esta pregunta os la hacemos a vosotros. Cuál es ese sofá, sillón o butaca preferido para disfrutar de esos minutos al día de relax y descanso.

¡Feliz siesta!

Sofá Chesterfield

Sofá Chesterfield

Hoy os vamos a contar la fantástica historia de un sofá. Pero no se trata de un sofá cualquiera, sino, de ese sofá que tan de moda está y al que incluso, Risto Mejide le dedica todo el protagonismo en su programa, el sofá Chesterfield.

Exacto, estamos hablando del sofá Chesterfield. ¿Conocéis su historia? Allá vamos, ¡no os va a dejar indiferente!

sofa-chester

Según cuenta la leyenda, su origen se debe al IV Conde de Chesterfield, estadista, diplomático y hombre de letras, que encargó a un ebanista local, la realización de un sillón que fuese “duro y robusto. El Conde se había percatado que los sillones habituales no permitían a su personal de servicio mantener la postura erguida y correcta, lo que deslucía la vestimenta o uniforme de su mayordomo. Por eso el ebanista realizó un sillón con los brazos y respaldo a una misma altura para obligar a sentarse con la espalda recta y así evitar caer en posturas vulgares.

Así fue cómo nació este sofá Chesterfield y como la alta sociedad inglesa lo adquirió como un indicativo de elegancia y buen gusto en el siglo XIX, convirtiéndose en el mueble fetiche en los Clubs Londineses elitistas dónde las altas esferas tomaban té y discutían sobre política o economía. En esa época, el sofá Chesterfield era un sofá puramente masculino.

Otra parte de la Leyenda cuenta que los botones del sofá Chesterfield se deben a un intento por parte de los nobles victorianos a hacer más cortas sus audiencias. Ya que los botones tenían el objetivo de convertir el sofá Chesterfield en el sofá más incómodo posible para así acortar las visitas.

No obstante, sea por cuestión de práctica o de estilo, los botones han marcado la personalidad del sofá Chesterfield, así como el uso de pieles y cueros en su fabricación y la utilización de formas redondeadas en los brazos.

El sofá chester es un icono del diseño y a la vez un clásico con marcados al estilo inglés. Esta pieza si hizo famosa a principios del siglo XIX en Londres, concretamente en los clubes para señores. En las décadas siguientes fue todo un icono de la decoración entre la alta sociedad más británica, hasta que llegó a consolidarse como el clásico sofá inglés que a día de hoy todos conocemos.

Además es una pieza robusta y muy resistente que se adapta perfectamente a cualquier tipo de estilo y de espacio.

Hasta aquí este pequeño homenaje  a este gran clásico del diseño, estilo y confort que como todo clásico nunca muere.